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El amor es el centro de nuestra vida

Los seres humanos nacemos amorosos.

Ningún niño nace malo, déspota, violento, egoísta, perverso, tirano, avaro, ingrato ni miserable. No. Todos los niños nacemos con una exquisita capacidad para amar.

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Una civilización niñocéntrica

Una civilización respetuosa, amorosa, solidaria y beneficiosa para todos, debería ser niñocéntrica. Es decir, organizada según las necesidades de los más pequeños.

Adaptada a los más pequeños. Fácil y dichosa para los más pequeños.

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Una escuela feliz

El propósito original que la escuela –bajo el formato que conocemos hoy- tuvo en sus inicios, respondía a las necesidades de las flamantes fábricas, proveyendo mano de obra calificada. La escuela era el lugar donde se disciplinaba y se igualaba a los niños. Esto es importante: en esa época dejaron de tener relevancia las aptitudes de cada niño, para estandarizarlos y para que pudieran responder a los requerimientos de las empresas.

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Navidad y consumo responsable

Si descuidamos el sentido primordial de estas celebraciones, que pretenden rendir tributo al mensaje amoroso que hemos recibido de Jesús, nos vamos a desorientar.

Es imprescindible que volvamos a la fuente y recuperemos la armonía interior, confiando en la bondad y el amor.

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Una buena noticia

La biografía humana intenta ordenar con un sentido lógico y en un encastre fino todas las vivencias de un individuo desde la experiencia del alma infantil. Mientras no contemos con el propio criterio personal, la vida es peligrosa. No hay modo de defendernos de los depredadores si no somos capaces de registrarlos.

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La desesperación manifestada

Los niños lloramos mucho. Hacemos berrinches, intentamos por todos los medios explicarle a mamá que sufrimos en la escuela, que nos dan miedo los gatos, que el abuelo nos hace daño, que tenemos terror de quedarnos solos, que hay monstruos detrás de las ventanas, que los mosquitos nos pican escondidos entre las sábanas, que la maestra nos grita, que soñamos que nos morimos, que tenemos un nudo en el estómago y no podemos pasar la comida, que si la comida pasa nos lastima las tripas, que queremos quedarnos en casa, que no queremos jugar con niños que nos pegan, que estamos desesperados y sólo queremos un abrazo.

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Un desastre ecológico

La falta de cuerpo materno disponible cuando somos niños es un desastre ecológico a gran escala. Si no logramos succionar la sustancia materna traducida en leche, abrazos, caricias, tacto, palabras suaves, mirada complaciente, frases cariñosas y comprensión cargada de compasión y ternura durante la niñez, no tenemos más remedio que anestesiar nuestros propios cuerpos y el desarrollo de nuestra vida espiritual futura. En el caso de las niñas, el congelamiento de nuestros cuerpos tendrá consecuencias nefastas sobre nuestra descendencia.

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Navidad: la celebración de los nacimientos y de las infancias

Cada mes de diciembre celebramos la historia de una madre que atravesó su parto en medio de la naturaleza entre sus cabras, sus asnos y sus bueyes amparada por un hombre llamado José. Según algunos textos, José partió en busca de la partera pero cuando ésta llegó, Jesús ya había nacido. La mujer al mirar la escena exclamó: “Ese niño que apenas nacido ya toma el pecho de su madre, se convertirá en un hombre que juzgará según el Amor y no según la Ley”.

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Lo único urgente es amar

Estremecidos -una vez más- por el horror después de los impactantes atentados en París, y preguntándonos cómo podemos acabar con ese odio que trasciende fronteras, sospecho que no hay solución si seguimos pensando que precisamos mayor control, mayor militarización y luchas implacables. Será muy difícil lograr algún resultado pacífico en el futuro inmediato si observamos sólo el final de la trama, creyendo que habrá que continuar esta guerra sangrienta contra enemigos indetectables.

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Sobre la intolerancia

La intransigencia y la intolerancia son actitudes muy comunes en nuestra civilización, porque hay una lógica que las sostiene. Los seres humanos no nacemos rígidos, sino blandos. No nacemos con miedo, sino que vamos adquiriendo esos mecanismos por la falta de cuidado y protección que han sido difíciles de sobrellevar con nuestros escasos recursos, cuando fuimos niños.

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En comunión con nuestra esencia

Los seres humanos nacemos en comunión con nuestra esencia. Nuestro espíritu y nuestro cuerpo ya están unidos cuando encarnamos. ¿Qué es lo que precisamos para continuar así? Necesitamos preservar la armonía de esa unión. Y esa armonía sólo la puede mantener el amor concreto de una madre a través de sus cuidados milimétricamente amorosos y altruistas hacia nuestras enormes necesidades infantiles ya que nacemos dependientes, totalmente dependientes de cuidados. Si eso no sucede nuestra esencia buscará mecanismos de supervivencia.

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Investigando el alma humana

Investigando la sombra de cada individuo, nos encontramos con una inmensidad inabarcable. Sin embargo hay que empezar por algún lugar por más que sea un recorte ficticio. Yo propongo evocar la infancia aunque el mayor obstáculo es que aquello que los individuos relatamos, está constituido por una sobredosis de discursos engañados como he descrito detalladamente en los libros El poder del discurso materno y en Amor o dominación: los estragos del patriarcado.

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