Amor o dominación. Los estragos del patriarcado

Aquello que “recordamos” relativo a nuestra infancia, es altamente probable que no haya acontecido así. En todos los casos, nuestra infancia ha sido mucho más carente -en términos de satisfacción de necesidades básicas afectivas- que lo que podemos imaginar. Es tan usual que en el transcurso de cualquier sistema de indagación personal, aparezca el verdadero nivel de desamparo infantil, que considero que es allí donde tenemos que apuntar en primer lugar. Pienso que es imprescindible que cualquier individuo adulto -si desea comprenderse- tenga acceso a aquello que vivió desde su nacimiento y durante toda la infancia, para comprender qué herramientas utilizó para su supervivencia emocional. Una vez que vislumbre el nivel de carencia, podrá revisar qué ventajas aún conserva y qué desventajas aparecen durante su vida adulta si continúa peleando por su supervivencia como si aún fuera un niño pequeño. Justamente, todo lo que hacemos, pensamos, opinamos, defendemos y decidimos, está teñido por ese accionar infantil o –dicho de otro modo- por el mismo mecanismo de defensa o de supervivencia con el que hemos vivido hasta hoy. Si pretendemos comprendernos más, o si queremos “solucionar nuestros problemas” vale la pena revisar si las estrategias desplegadas en el presente están actualizadas, o si son meras reproducciones de miedos pertenecientes a nuestra niñez.