La pandemia del miedo

En distintas épocas nos preocuparon virus “asesinos”: SRAS, MERS, gripe aviar H5N1, fiebre porcina H1N1, zika, dengue y ahora el coronavirus chino.

Tenemos miedo, claro. Pero invito a que reflexionemos con calma y sentido común, cual es el origen de ese miedo.

El miedo es una emoción importantísima para nuestra supervivencia, porque nos permite detectar el peligro y tomar la decisión de enfrentar o de huir. Pero hay algo que no está previsto en el diseño original del ser humano y es que nuestra madre -en la época en que fuimos niños pequeños- no haya sido capaz de satisfacer nuestras necesidades, no haya podido protegernos de los depredados y -en algunos casos- incluso que se haya convertido en nuestra peor depredadora. En esas circunstancias, el miedo ha inundado la totalidad de nuestras experiencias, porque -siendo criaturas dependientes- nuestra madre era todo el universo.

Luego hemos crecido dentro de esa lógica: con frecuencia temerosos y desconfiados, sintiendo que nos podría suceder cualquier cosa si estamos distraídos. Incluso ya convertidos en adultos, aún hoy -si alguien nos amenaza, nos grita, nos acusa o nos castiga- el terror nos puede paralizar.

Esto que nos sucede en el ámbito individual también acontece en el ámbito colectivo. Por ejemplo, cuando los organismos de poder nos advierten o nos hacen creer que hay una amenaza latente (como el cuco o el señor de la bolsa cuando fuimos niños) nuestra reacción es automática. Y cual niños nos enceguecemos a causa del miedo. Haremos lo que sea necesario (o lo que mamá dictamine).

Claro que hay situaciones reales que merecen nuestra atención. Pasa que ese miedo primario, infantil, apoyado en experiencias que efectivamente fueron muy duras cuando fuimos niños; se convierte en un pánico irracional y desproporcionado, anulando la sensatez y el buen juicio, frente a una realidad determinada.

Hoy el mundo globalizado está sometido a una campaña de pánico. Es el marketing del miedo, que encaja milimétricamente con vivencias de nuestras infancias muy reales para cada uno de nosotros. Sin darnos cuenta, todos estamos afectados por la primera pandemia global del miedo.

Entonces, en primer lugar, reconozcamos en qué rincones del alma infantil lastimada, hacen mella el miedo exagerado, bajando la vibración y generando mayor depresión inmunológica. Luego, ocupémonos  activamente de nuestra salud emocional y también del estado general de nuestro cuerpo físico, depurándolo de intoxicaciones antiguas, activando las defensas y alimentándonos de la manera más natural y fisiológica posible.


Es imprescindible que cotejemos con la realidad real, que siempre es soberana. Y evaluemos cuánto estamos alimentando nuestros monstruos internos y cuánto hay de verdad, en cada noticia, en cada confinamiento, en cada cuidado, en cada estado de salud previa de cada individuo. Si controlamos el miedo, podremos tomar decisiones adecuadas y criteriosas, que es todo lo que necesitamos en épocas de crisis.

Como siempre sucede, los problemas son una oportunidad para evolucionar.  Y he aquí que estamos frente a un cambio personal y colectivo obligatorio.

Laura Gutman