Averiguar qué nos sucedió cuando fuimos niños

Caso contrario permanecemos en la inmadurez y –cargados de sentimientos y miedos infantiles- pretenderemos hacernos cargo de nuestros hijos o peor aún, fantasearemos con que alguien nos aporte un método eficaz para que nuestros hijos sean felices. Todo esto es otro gran relato engañado. Los niños sólo precisan madres y padres que estemos en un estado de interrogación profunda y permanente. Adultos sin miedo reconociendo que ya nada malo nos puede suceder. Adultos dispuestos a asumir nuestra realidad emocional -la que sea- por lo tanto abiertos y permeables para conectar con la belleza que cada niño trae consigo.

Lo digo una vez más: nuestros hijos pequeños sólo necesitan madres y padres en permanente búsqueda espiritual. Pero para que los caminos espirituales no sean meros refugios sino caminos de sinceramiento, tendremos que revisar una y otra vez nuestra realidad. La biografía humana es un sistema posible -entre otros- porque intenta mirar la realidad tal cual es, sin interpretaciones ni juicios de valor. Sólo una vez que hayamos recorrido –en ocasiones con dolor- la realidad vivida desde el niño que hemos sido,  quizás seamos capaces de aceptar a nuestros hijos tal como son con sus recursos, sus particularidades, su sensibilidad, sus percepciones y sus ángeles. Si maduramos comprendiendo que ya no importa si alguien nos ama sino que pondremos nuestros recursos al servicio del amor al otro y sobre todo del amor incondicional al niño, todos se van a beneficiar. Serán esos niños amados quienes erigirán la sociedad del futuro, que alguna vez será una comunidad basada en el entendimiento, el diálogo, la empatía, la compasión y el servicio. Esos niños –habiéndose sentido amados, amparados y acompasadosserán los hacedores de una civilización amorosa.

Laura Gutman